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El cacao colombiano y las regiones que están ganando reconocimiento

Hay productos capaces de resumir un territorio antes incluso de transformarse en una receta. El cacao es uno de ellos. En Colombia crece entre montañas, llanuras, selvas húmedas y valles donde las condiciones cambian de una región a otra, dando lugar a perfiles que pueden ir de las frutas y las flores a los frutos secos, las especias y notas más profundas.

cacao y chocolate

Durante años, buena parte de la conversación internacional alrededor del país estuvo dominada por el café. El cacao, sin embargo, ha ido construyendo su propio espacio. La Organización Internacional del Cacao clasifica actualmente el 80 % de las exportaciones colombianas de grano dentro de la categoría de cacao fino o de aroma, una distinción que pone el foco no solamente en el volumen producido, sino en sus atributos de sabor y calidad.

Ese reconocimiento no pertenece a un único lugar. Santander continúa siendo el gran corazón productivo, mientras territorios como Arauca, Huila, Nariño, Antioquia, Tolima, Meta y otras zonas del país aportan identidades distintas a un mapa cacaotero cada vez más interesante.

Foto extraída de  Agrosavia.

Santander, el corazón histórico del cacao colombiano

Hablar de cacao en Colombia obliga a mirar hacia Santander. El departamento ha ocupado durante décadas el primer lugar en producción nacional y concentra una larga tradición alrededor del cultivo.

Los registros del Ministerio de Agricultura lo sitúan ampliamente por encima de otros departamentos productores. Aunque las participaciones cambian según el año de referencia, el cacao en grano duplicó con creces su peso en la canasta exportadora del departamento al pasar de 5,9% en 2024 a 12,1% en 2025.

Pero cantidad y calidad no son necesariamente la misma conversación. El interés actual por Santander también pasa por comprender mejor qué sucede dentro del grano.

Una investigación científica publicada en 2026 analizó cacao Criollo y Trinitario procedente de fincas santandereanas y encontró diferencias sensoriales claras entre ambos. Las muestras de Criollo mostraron aromas florales delicados y un perfil ácido, mientras las de Trinitario presentaron características más verdes y amargas. El análisis de sus compuestos volátiles respaldó además su clasificación dentro de los cacaos finos de aroma.

Es una muestra de hacia dónde está avanzando la conversación. Ya no basta con identificar el cacao como colombiano. Cada vez resulta más relevante saber de qué región procede, qué variedad se cultivó y cómo fue tratado después de la cosecha.

cacao de arauca gobierno

Foto extraída del sitio web oficial de la Gobernación de Arauca.

Arauca, un origen que está llamando la atención internacional

Si Santander representa tradición y escala, Arauca se ha convertido en uno de los territorios más estimulantes para observar la evolución del cacao colombiano.

En municipios como Arauquita, Tame, Saravena y Fortul existe una cultura productiva estrechamente ligada al grano. Según el Instituto Colombiano Agropecuario, más de 6.400 familias participan en la actividad cacaotera del departamento y cerca del 90 % de los predios pertenece a pequeños productores.

La calidad del cacao araucano también ha conseguido abrirse camino en escenarios de competencia. Tres muestras procedentes de Arauca fueron seleccionadas para representar a Colombia en los International Cocoa Awards 2025, junto con muestras provenientes de Santander, Meta y Casanare. La elección surgió después de evaluar 59 muestras de diferentes regiones del país.

Algunos productores de la región trabajan con perfiles en los que aparecen notas florales, frutales y de nuez, características que ayudan a explicar el interés que ha despertado este origen entre quienes buscan cacao con una expresión sensorial definida.

Aquí aparece además otra dimensión. El cacao en Arauca no es solamente materia prima. También está vinculado a economías familiares, pequeños productores y procesos rurales que han encontrado en el cultivo una posibilidad de estabilidad y desarrollo.

tatacao

Huila, entre café y cacao

El nombre del Huila suele llevar inmediatamente al café. Sin embargo, el cacao también forma parte importante de su paisaje agrícola.

Las cifras oficiales lo han ubicado históricamente entre los principales departamentos productores del país. Según Procolombia, 6,8 % de la producción nacional, compartiendo posiciones relevantes con Arauca y Tolima.

Su presencia resulta especialmente interesante porque permite mirar un territorio colombiano conocido mundialmente por otra bebida desde una perspectiva distinta. Altitudes, temperaturas y ecosistemas diversos ofrecen posibilidades para desarrollar cacaos con identidades propias, especialmente cuando el manejo de fermentación y secado permite conservar sus atributos.

Es también uno de los lugares que pueden ayudar a ampliar la idea de origen. Así como el consumidor aprendió a diferenciar cafés provenientes de Huila, Nariño o Sierra Nevada, el cacao comienza a reclamar una conversación similar.

Foto extraída de la Dirección de Turismo de Nariño.

Nariño, diversidad en el extremo sur

Nariño ocupa otro lugar singular dentro de este mapa. Sus condiciones geográficas, la cercanía con el Pacífico y la diversidad de ecosistemas permiten encontrar cacao en ambientes muy distintos a los de las regiones productoras del centro del país.

El departamento aparece de manera constante dentro de las principales zonas cacaoteras colombianas y ha tenido una participación relevante en las estadísticas nacionales.

La importancia de Nariño también abre la puerta hacia una conversación más amplia sobre el cacao del Pacífico colombiano. Allí, clima, biodiversidad y prácticas agrícolas pueden convertirse en elementos decisivos para construir perfiles diferenciados y productos de origen.

El futuro del cacao colombiano probablemente dependerá, en parte, de aprender a comunicar estas diferencias. Decir simplemente “chocolate colombiano” comienza a resultar insuficiente cuando el consumidor puede descubrir la procedencia específica del grano.

Cacao / imagen de Stock.

Antioquia, Tolima, Meta y nuevos territorios por descubrir

El mapa continúa mucho más allá de cuatro departamentos. Antioquia, Tolima, Meta, Casanare, Cesar, Norte de Santander, Córdoba, Caquetá y Caldas forman parte de una geografía productiva extensa.

La Agencia de Desarrollo Rural identifica actualmente entre las regiones productoras a Santander, Huila, Antioquia, Arauca, Nariño, Córdoba, Tolima, Caquetá y Caldas, donde se cultivan, entre otras, variedades Criollo y Trinitario.

Esta diversidad es precisamente una de las mayores fortalezas del país. Colombia no posee una única expresión de cacao y tampoco debería aspirar a tenerla.

La calidad final depende de múltiples factores. Genética, clima, suelo y maduración influyen desde la finca, pero después llegan decisiones igualmente determinantes como la fermentación, el secado, el almacenamiento y, finalmente, el trabajo del chocolatero.

Por eso dos granos cultivados dentro del mismo país pueden terminar ofreciendo experiencias completamente distintas.

Imagen de Stock.

¿Qué significa realmente que un cacao sea fino de aroma?

El término aparece cada vez con mayor frecuencia en empaques, tiendas y conversaciones sobre chocolate, pero conviene comprender qué representa.

La categoría internacional de cacao fino o de aroma reconoce granos apreciados por cualidades sensoriales particulares, más allá del rendimiento industrial. Colombia forma parte del grupo de países exportadores reconocidos en esta clasificación. Colombia ya produce gran cantidad de cacao que puede catalogarse como “Fino y de Aroma”. Según la ICCO, el 95% del cacao colombiano cumple con esta condición.

Eso no significa que todos los cacaos colombianos sepan igual ni que cualquier chocolate producido en el país tenga automáticamente una calidad superior.

Precisamente ocurre lo contrario. El interés reside en la diversidad.

Un cacao puede revelar notas florales, otro inclinarse hacia frutas maduras, frutos secos, acidez o amargor. La fermentación puede potenciar algunos atributos o esconderlos. El tostado puede respetarlos o llevarlos hacia perfiles completamente diferentes.

Para quien compra chocolate, comenzar a observar el porcentaje de cacao es apenas el primer paso. El origen del grano, el productor, la región y el proceso pueden decir mucho más sobre lo que finalmente llegará al paladar.

Del porcentaje al origen

Durante años, elegir una barra de chocolate parecía reducirse a una cifra impresa en el empaque. Hoy la conversación puede ser más interesante.

Preguntar de dónde viene el cacao permite acercarse al chocolate con la misma curiosidad con la que se elige un vino, un café o un aceite de oliva. Una barra elaborada con cacao de Arauca puede contar una historia distinta a otra nacida en Santander o Nariño, incluso cuando comparten un porcentaje similar.

Colombia tiene además un historial relevante en concursos internacionales. El Ministerio de Agricultura señala que el país ha recibido máximos reconocimientos del programa Cacao of Excellence en distintas ediciones desde 2010, incluido 2025.

Es una evolución que transforma la forma de mirar el producto. El cacao deja de ser solamente un ingrediente agrícola y empieza a adquirir un lenguaje de procedencia, variedades, fermentaciones y perfiles sensoriales.

Santander, Arauca, Huila y Nariño son algunos de los nombres que vale la pena comenzar a recordar, pero probablemente no serán los únicos. El verdadero atractivo del cacao colombiano está precisamente en un mapa que todavía tiene mucho por revelar.

La próxima vez que una barra llegue a la mesa, quizá la pregunta más interesante no sea cuánto cacao contiene, sino dónde comenzó su historia.